Adrián Lakerman: "En el sufrimiento aparece el mejor humor"
El comediante y guionista dialogó con El Litoral sobre “Cómo pisar una cáscara de banana”. Según expresó, “es una mezcla entre teoría del humor, una historia y chistes”.
“La explicación de un chiste no es para romperlo, sino para demostrar su complejidad en el armado”, desarrolla Lakerman. Foto: Gentileza Planeta
Adrián Lakerman es guionista de televisión, humorista y comediante nacido en Buenos Aires en 1984. Con el podcast “Comedia” inició su camino como investigador y divulgador del humor. Creó, además, “Humor en serio” y co-creó “Un mundo maravilloso”. Realizó columnas de humor en canales de streaming, entre otros Últimos Cartuchos y Gelatina. En teatro, co-creó y co-protagoniza la obra “Un barco llamado Loperman”; y en plataformas, acaba de iniciar su carrera como actor en la exitosa serie de Netflix “Envidiosa”. Su primer libro es “Cómo pisar una cáscara de banana. Un recorrido por los mecanismos del humor” (2024, Planeta).
Globo y nubecita
Adrián es un tipo acostumbrado al guión. Tiene el ejercicio de describir espacio, situación, tiempo. La escritura de lo que terminó siendo el libro implicó, reconoce a este medio, algo más cercano al ensayo. Empujado por el training de las columnas de humor y acompañado por Pedro Saborido, se largó con un capítulo -según recuerda, el de Humor absurdo- y de ahí siguió: en criollo, se envalentonó. “Cada capítulo comienza con una anécdota, un hecho real sobre la historia del humor que nos ayuda a pensar el marco más teórico del asunto. Es la mezcla entre una teoría sobre el humor, una historia y chistes: un poco de chistes para aflojar esa cosa más dura que tienen el ensayo”, sintetiza.
La entrada a los apartados temáticos de la obra es, desde ya, un título. Debajo de él, una ilustración. El listado suma a Maitena, Rep, Martín Garabal, La Cope, Alexis Moyano, Liniers, Podeti, Lunik, Chavo Escrotito, Darío Adanti, Flo Meije y Guillermo Meza. “Es una linda manera de entrar en el libro que es como departamentos estancos. Me pareció una buena forma de que sea accesible. El humor gráfico es notable en la economía de recursos: transversalidad, horizontalidad, llegada clara. Un globo y una nubecita es un pensamiento”, detalla. Y agrega un dato de color: “Cuando entrego el libro o se lo regalo a alguien, lo primero que hace es ir a ver los dibujos. Eso me da mucha alegría”.
El chiste
El escritor norteamericano E.B. White comparó el análisis del significado del humor con la disección de una rana. Dialogando con la cita, pero sobre todo con su libro, Lakerman enfoca el punto: “Quedar como el que explica los chistes es una porquería; ‘el chiste’ es entenderlos... o no. Hay una experimentación en la propuesta del humor que implica la posibilidad de no entender, de la incomodidad, de sorprenderse para disfrutarlo”.
Igualmente, el creador de “Comedia” hace una consideración al respecto. “Lo importante es que la explicación de un chiste enriquezca el placer de su disfrute. O sea, la explicación del chiste no es para romperlo, sino para demostrar que hay complejidad en el armado”. En otras palabras, que se pueda comprender mejor sin “matar al sapo”. Que, encima, no tiene la culpa, ¿no?
A lo largo del libro, Adrián se detiene con otro factor que puede resultar clave. Insisto, “puede”. Se trata del error, lo imprevisto, el factor sorpresa. Lo grafica con hilarantes anécdotas de Miguel del Sel y Coco Sily. Desde la heterodoxia en sus fuentes -asumiendo desde el vamos que el humor está en todos lados, por ende, en todo tipo de discursos-, trae una frase del inoxidable Macedonio Fernández, quien asocia al humor con la “sorpresa intelectual” (no es un equívoco, en un rato retomaremos el error). El entrevistado se apoya en el autor de “Una novela que comienza” y afirma: “El humor tiene que tener sorpresa en algún momento. Es algo que no se negocia”. Luego, ejemplifica: “Yo escucho veinte veces los discos del Negro Álvarez y me sigo riendo, pero hubo una vez que me sorprendí, la primera”.
Sobre el error, Lakerman sostiene que quien consigue sortearlo improvisando es buen/a comediante. “En otras ramas del arte no pasa, pero el humor tiene esa laxitud. Muchas veces -lo he vivido-, un error se convierte en un nuevo chiste que se agrega a la obra. Estoy viviendo el presente: un acto fallido puede ser una oportunidad”. Ya lo dijo Martín Buscaglia, lo cito por enésima vez: “Componer es improvisar / improvisar es pensar”.
“La forma más honesta de vincularnos es con la risa”, señala el comediante respecto a la función del humor. Foto: Gentileza Planeta
Después amar, después partir
En otro tramo del libro, Adrián se pregunta por los distintos tipos de humor de acuerdo a la región del país que habitemos. Luego de algunas referencias obligadas -humor cordobés, santiagueño, porteño...-, reafirma que hay bastante de comedia impreso en el ser nacional argentino (“El humor argentino nació antes que la república”, pág. 29).
El humor es un lubricante social, dice por ahí. Llamado a profundizar la idea, se explaya: “Ayer pensaba si la forma de ser y la forma de sufrir están vinculadas. Si en lo perfecto, en lo bueno, en lo ideal no hay humor porque en la felicidad no hay humor. El humor está en la tragedia. Y siendo éste un país tan trágico, aparece mucho. Yo creo que el humor de acá es mejor que el sueco o el de Noruega, mejor que en los lugares más estables. En el sufrimiento aparece el mejor humor”.
La tradición de comediantes que nombra el autor tiene un apartado especial, claramente, para los referentes nacionales de todas las épocas y latitudes. Landriscina, Olmedo, Quino, Gasalla, Juana y sus hermanas, Cha cha cha, Les Luthiers, Charo López, Videomatch son una injusta síntesis que permite ilustrar los diversos tonos y estilos del asunto en la Argentina. Pero hay un punto interesante, relatado en uno de los capítulos finales, el humor involuntario. De Borges a Maradona, la lista puede ampliarse si uno sigue la columna de Lakerman en Gelatina, donde se detiene en el humor de Andrés Calamaro y Dillom, entre tantos otros músicos. “Para mí, lo más interesante en la vida son las personas que me hacen reír no profesionalmente: mis amigos, mi psicólogo”, reconoce. Acerca de esta categoría -“humor involuntario”-, manifiesta: “El humor es una especie de baúl, de bagaje, es una experiencia de vida. Hay algo de la diaria, de lo involuntario, de lo espontáneo que me interpela muchísimo y me moviliza. Me gusta el humor como una aparición fantasmal. Si quiero voy a ver una película de Mel Brooks, y la disfruto muchísimo. Pero la aparición del humor que uno no espera es soñada”.
¿Sirve?
En la mitad del libro se encuentra un capítulo llamado “El tema del prestigio”. Manteniendo una tradición que viene desde su podcast, Lakerman restituye la anécdota de Emilio Disi sobre la ausencia de Guillermo Francella en la nueva secuela de “Los bañeros más locos del mundo”. Por entonces, el actor que representa a Eliseo Basurto en “El encargado” impactaba a la crítica con su participación en “El secreto de sus ojos”. Francella es quien estaba con el tema del prestigio.
Adrián anota en la página 82: “A los actores cómicos se los quiere y a los dramáticos se los respeta”. No hay que poner la lupa: con sólo ver la distribución de roles en los premios Óscar (quiénes conducen, quiénes son galardonados) alcanza para hacerse una idea. “Hay varias razones”, introduce el entrevistado. “Parece que la comedia no es una cuestión artística. Lo importante te hace pensar y emocionar. Así como el terror es primo del humor, ninguno de los dos son premiados por el nivel de efectismo, por lo rápido que te pueden hacer sentir algo como un susto o una risa. Ese tipo de emociones no son premiadas. Porque el arte es lo que no te genera un efecto inmediato. Es ridículo, está mal”.
Sin embargo, más adelante Lakerman asume el gustito. “Me gusta que sea así. Hay algo de lo bastardo del humor que es preferible. Yo prefiero ser el no prestigioso que el que le dan esos premios de metal que no sirven para nada”.
-¿Para qué sirve el humor, Adrián?
-Hoy te diría que no sirve para nada y sirve para todo. Sirve para conectarnos con las personas. Lo más lindo y la forma más honesta que tenemos para vincularnos es con la risa. Aparte, hacer un chiste, reírse de algo un rato en una esquina con un amigo sirve para no ganar plata en un mundo de excesiva necesidad de productividad.
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