La historia documentada de Los Piojos llega a Santa Fe
El jueves 13, el Dr. Jorge Núñez presentará su flamante libro, que refleja seis años de investigación dedicados al grupo liderado por Andrés Ciro Martínez.
“Tengo una pasión por la fuente, por los archivos, que apliqué a la historia de las prisiones y, ahora, a Los Piojos”, desarrolla Núñez. Foto: Gentileza Fernando Romero
El jueves 13 de marzo, desde las 19, Jorge Núñez llega a la ciudad de Santa Fe para presentar su nuevo libro, “Los Piojos. Una historia documentada” (Planeta). El encuentro tendrá lugar en la Biblioteca Municipal (Primera Junta 2451) y será coordinado por Guillermo Pez (Willy Fish) e Isabel Ruiz Clausen; la entrada es libre y gratuita.
Antes del evento, El Litoral dialogó con el autor de la obra, quien ha dedicado su vida a la academia y la docencia. Núñez es historiador, investigador del Conicet y profesor adjunto de “Historia Social Argentina” en la Universidad de Buenos Aires. Su campo de estudio es la historia de las prisiones y de las guerrillas en la Argentina del siglo XX. En la obra que nos convoca estudia, desde un enfoque histórico, el surgimiento de Los Piojos hasta su llegada a River en 2003.
“Los Piojos son una banda resiliente”, describe el autor al grupo que más lo atravesó. Foto: Gentileza Planeta
Trabajo de piojo
No hace falta decirlo: Jorge Núñez es fan de Los Piojos. Pero, como no quiere sonar tan categórico, se acostumbró a decir que, a su juicio, es “la banda que más lo atraviesa”. Para entender un poco los orígenes de este amor por el grupo, no sólo habría que pensar en motivos generacionales sino también territoriales. Él, al igual que el grupo de su vida, nació en El Palomar. Décadas atrás, Núñez fue plomo de Cerebros Vacíos, una banda muy cercana a Los Piojos. “No soy amigo”, aclara, “pero a Andrés lo conozco, me crié en ese ambiente”.
Aquello operó como caldo de cultivo, materia prima invisible y original de la obra. El año 2018 fue la coordenada temporal en la que el historiador y fan hizo probó la confluencia de roles y comenzó a aprontarse para la aventura. En algún hueco entre investigaciones y clases, dio rienda suelta a la recolección salvaje. “Pedía revistas, iba a bibliotecas”. Enumera: Cerdos & Peces, Blanco y Negro, El Porteño, La Fierro. El Sí! y el No! “Conseguí acceder, a través de mi hermano, a todos los Sí! desde el ‘89 hasta el ‘97. Un bibliotecario me había pasado el dato que el No! estaba en el TEA. Al mismo tiempo, leía libros sobre historia del rock nacional. Me empecé a vincular con piojosos y piojosas, que me facilitaron dos libros en PDF. Viendo todo eso pensé en escribir un artículo”.
En este punto, Jorge aclara un punto que será recurrente en la charla y es vital para comprender el enfoque. “Yo no soy crítico ni periodista de rock. Hablo de lo que sé y de lo que no sé, aprendo. Tengo una pasión por la fuente, por los archivos, que apliqué a la historia de las prisiones y, ahora, a Los Piojos. Para mí, la etapa más exhaustiva es el acopio del material. Una vez que lo encuentro, transcribo mucho y después uno las piezas siguiendo un orden cronológico”.
Con todo el material sistematizado, Jorge Núñez escribió una primera edición independiente del libro que se encargó de publicar en 2018. El recorte temporal fue 1989-1997, con la idea de completar la historia con una trilogía: 1998-2003 y 2004-2009. Así recuerda, sorprendido, la experiencia: “Publiqué aquel primer libro sin ninguna expectativa. Mi hermano me ayudó a pagar la edición, un compañero de la facultad que labura en el mercado editorial me contactó con una persona que maquetó el libro, la mujer de esa persona me lo corrigió y otro hizo la tapa. Le compré la foto a Nora Lezano. Todo muy artesanal. Hice cien ejemplares, más o menos lo que podía pagar. A los dos días había vendido todo. Entré también en ese mundo piojoso”.
“Sin Ciro no había regreso. Es el líder indiscutido”, manifiesta el entrevistado. Foto: Gentileza Planeta
Sin fronteras
En el epílogo, Núñez asocia a Los Piojos con tres palabras: convicción, trabajo y crisis. “Son una banda resiliente. La crisis está en el surgimiento, en la explosión y en la consolidación”, dice. Además, como deja ver cada capítulo (equivalente a un año en la Argentina), el grupo de El Palomar ha demostrado un crecimiento orgánico desde su origen hasta el regreso al que estamos asistiendo. El libro sistematiza todas las presentaciones piojosas entre 1989 y 2003, incluyendo las visitas a la Universidad Tecnológica Nacional de Santa Fe y a Sauce Viejo. “Ellos empiezan a girar muy temprano. Después de haber tocado mucho en el Gran Buenos Aires y en Capital, tocan en muchas provincias. Tocan en todos lados. Eso lo veías en los shows y lo ves ahora en la vuelta cuando Ciro lee las banderas. No es sólo federal, sino que ya trasciende las fronteras”.
El autor de “Los Piojos. Una historia documentada” pudo comprobar fehacientemente ese amor sin fronteras durante el proceso que le demandó la obra. “Me ha ayudado muchísima gente que no me conoce. Me han mandado entradas, afiches, folletos. Me parece mágico que la gente guarde eso durante treinta años. Yo conozco a Los Piojos del ‘90, ‘91, ‘92. Tenía quince años en El Palomar y era parte de la escenografía del barrio. Andrés, el hermano Pumpi, la hermana Lole. Mi hermano iba al colegio con Piti (NdR: Daniel Fernández, guitarrista) y con una de las hermanas de Andrés. Yo ni me acuerdo la primera vez que los vi, por ahí fue en Arte y Vida o en el anfiteatro que hay en la estación de Martín Coronado”.
Suena de fondo mental una canción. Su título es una onomatopeya piojosa por antonomasia y, dentro suyo, encierra el leitmotiv de la banda: “Miles de almas en un ritual sin calma”. La referencia, ya habrás descifrado, es “Uoh pa pa pa”, canción incluida en “Azul” (1998). Sintetiza el fenómeno popular -“aunque tengan el perfil de una banda de barrio” cultivan “costumbres de banda de culto”, dirán dos reseñas de la época, combinadas-, al tiempo que atiende a esos medios de comunicación que poca cabida le daban a Los Piojos. (Con la excepción de espacios marginales, como “El otro lado”, ciclo conducido por el recordado Fabián Polosecki). “En las encuestas del Sí! no lo votan, pero tampoco lo votan los músicos de rock. Si un historiador del futuro dice: ‘Voy a estudiar una banda de rock muy importante que hubo en Argentina’. ¿Qué fuentes va a usar? Si usa las encuestas de los suplementos de rock, sería una historia que iría del ‘89 hasta el ‘92. En el ‘89 los vota el Indio como banda revelación. En el ‘90, Mollo y Skay. En el ‘92 (Gustavo) Gauvry. Pero después desaparecen de las encuestas. ¿Nadie está viendo ese fenómeno? ¿Cómo puede ser que en 1995 el único que la ve es Adrián Otero que vota ‘Pistolas’? Ahora, cuando abren la encuesta a la gente rompen todo Los Piojos”.
“Me gustaría saber cómo piensa políticamente, cómo se formó, cómo es la historia con el viejo melómano”, amplía sobre el líder piojoso. Foto: Gentileza Planeta
Rock cooperativo
El apoyo a causas sociales es una de las características de Los Piojos que más conmueven a Jorge. En la obra se menciona la clásica participación del grupo palomarense en festivales de Madres de Plaza de Mayo, en reclamo de justicia por el asesinato de Walter Bulacio, para evitar el cierre de Cemento, entre otros. El autor suma a la charla uno muy especial y captura de él una escena. “En diciembre de 2018, cuando Ciro y Los Persas toca en River, invitan a chicos de comedores escolares. Me dieron un montón de entradas para una ex alumna que tiene un merendero en Pilar. Estábamos subiendo la escalinata del Monumental y justo pasa un avión para aterrizar en Aeroparque. Un pibito le dice a otro: ‘Esto es un sueño para mí’”.
Sobre la vigencia del fenómeno, Núñez señala: “Vas a ver a Los Piojos y hay un poco de todo: sectores más acomodados, sectores populares. Es intergeneracional e interclase”. Foto: Gentileza Planeta
Otros gestos testimonian el compromiso de la banda con su comunidad. Ejemplos de ello son el festival por el Tiki (personaje icónico de El Palomar, “parte del ecosistema del barrio que lo meten preso porque un juez dijo que era peligroso para la comunidad”), la donación de la recaudación completa para un hospital oncológico y para la población damnificada por las inundaciones de 2003 en Santa Fe. “No hay intermediarios. No se le da a la Municipalidad, ellos hablan con el hospital directamente”, destaca Núñez. “Contribuye a solidificar esa mirada que tengo sobre Los Piojos y sobre su líder. Lo importante es que ese laburo ayudó a reconstruir un hospital y comedores. El rock solidario, el rock cooperativo (NdR: como decía una nota del Sí!, en sintonía con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y La Renga) también se manifiesta en las personas que elegían para laburar (NdR: Esto puede ilustrarlo la figura de Pedro Julián Tapia, fletero de Los Piojos entre 1990 y 2008). Buscaban como asistentes a gente que estaba sin laburo en vez del súper asistente que viene con todos los galardones. En muchos casos, la metodología de funcionamiento y la gente de Ciro y Los Persas es la misma que la de Los Piojos. Son una máquina de laburar, de girar, de tocar. Y se mantuvieron en esa misma línea durante tantos años. Evidentemente, a estos tipos nunca los mareó el éxito”.
“Los Piojos. Una historia documentada” pone de relieve el escaso interés de los medios masivos por la banda entrados los ‘90. El investigador sintetiza, sorprendido: “En las encuestas del Sí! no lo votan, pero tampoco lo votan los músicos de rock”. Foto: Gentileza Planeta
Líder indiscutido
Originalmente, iba a ser un libro sobre Ciro. Es un personaje que le apasiona a Jorge, ya veremos por qué. En el tránsito de un libro a otro, es bueno señalarlo, aparecieron más y más papeles vinculados al cantante y compositor de Los Piojos. Entre ellos, un informe de inteligencia de la policía bonaerense, el informe del SEGBA donde Ciro trabajó dos meses y el analítico del CBC.
“Ojalá algún día pueda hacer esa biografía, estoy juntando retazos. Me parece un tipo interesante para conversar, sacando su faceta de estrella de rock. Me gustaría saber cómo piensa políticamente, cómo se formó, cómo es la historia con el viejo melómano”, introduce el entrevistado. Destaca sus letras, un poema (“El campito”) y las cartas de lectores a diez años del menemismo, por el 24 de marzo y Malvinas. En el espinoso aspecto de las influencias, el investigador logra recoger entrevistas y críticas, en las que Ciro asume o el/la periodista sonsaca el realismo sucio tanguero-y-rockero de Manal y Moris maridado con Lou Reed, Laiseca, Rada, Jaime Roos, Jauretche, León Gieco y Saramago, entre variadísimos condimentos.
Además, se detiene en un dato de la prehistoria de Martínez: las artes escénicas. “Creo que el teatro a él le aporta mucho para transformarse en un showman. No le esquivo al bulto, es una lástima que Micky (Rodríguez) no esté. Pero sin Ciro no había regreso. Es el líder indiscutido. En el año ‘87, ‘88, Micky, Pablo Guerra y Dani Buira tenían 16 años. Andrés es un par de años más grande que ellos, pero ya labura, hace teatro, empieza el CBC. Esos dos o tres años diferencian a un pibe de 16 de uno de 18 o 19, que ya se empezó a ganar su guita. Los Piojos es un proyecto en serio y tiene que ver con que son máquinas de laburar. Si vos querés saber algunos de los secretos de su éxito es que nunca pararon. No es que la pegaron con un tema y se repitieron. Siempre inventaron algo nuevo, algo más en el show y un lugar más donde ir a tocar”.
“Los Piojos son una máquina de laburar, de girar, de tocar. Evidentemente, a estos tipos nunca los mareó el éxito”, analiza Núñez. Foto: Gentileza Planeta
Regreso... y después
Sabido es lo que generó el runrún sobre el regreso de Los Piojos el año pasado. Llenaron siete veces el Estadio Único de La Plata “Diego Maradona”, hicieron delirar al público festivalero en Cosquín Rock 2025 y obligaron a sumar un día extra al esperado Quilmes Rock 2025. En las últimas semanas, anunciaron -y agotaron- Rosario (26 de abril en el Hipódromo Independencia), anunciaron fecha en Mendoza, y se especula con un ritual en Neuquén.
Consultado al respecto, Jorge Núñez ofrece su lectura del fenómeno: “Yo no sé cuál es la explicación de esa locura hermosa que atraviesa generaciones. Vas a ver a Los Piojos y hay un poco de todo: sectores más acomodados, sectores populares. Es intergeneracional e interclase. Hay gente que te dice: ‘Los Piojos son mi vida’, y tenía 5 años cuando se separaron. Y habrá gente que no había nacido. Creo que tiene que ver con los padres y las madres que transmitieron esa pasión. Yo me dedico a la historia carcelaria, ¿sabés cuánta gente me escribió agradeciéndome por el libro? ‘Es volver a mi adolescencia. Mientras leo, estoy llorando’, me decían. Ojalá que tengan ganas de seguir dando algunos rituales más. Pero eso lo deciden ellos”.
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