El 1° de abril de 1520, solemnidad del Domingo de Ramos, fue celebrada la primera Misa en el golfo San Julián, actual provincia de Santa Cruz. Esta efemérides, pasada inadvertida por muchos historiadores y no menos cantidad de católicos, adquiere un sentido fundacional para la Iglesia argentina.
Aquel día, coincidiendo con la festividad del ingreso de Jesucristo a Jerusalén, la tripulación española al mando de Hernando de Magallanes, dio gracias por haber arribado el día anterior, luego de siete meses de viaje.
La expedición partió el 10 de agosto de 1519 desde el puerto de Sevilla. Contaba entre sus navegantes con dos sacerdotes provistos con los ornamentos para Misa: los capellanes Pedro de Valderrama, quien viajó en la Nao Capitana Trinidad, y Bernardo Calmeta, embarcado en la San Antonio.
El 24 de agosto, Magallanes recibió el Estandarte Real y las banderas para sus naves, de manos del Dr. Sancho de Matienzo, canónigo de la Catedral, y prestó el juramento de fidelidad que dirigió a toda la oficialidad. El viaje fue puesto bajo el patrocinio de Nuestra Señora de la Victoria y Nuestra Señora de la Antigua, imágenes veneradas en aquel templo.
La escuadra llegó pocos días después a las aguas de Sanlúcar, donde la tripulación compuesta de 237 hombres, oyó Misa cada mañana en la iglesia de Nuestra Señora de Barrameda, partiendo el 20 de septiembre con el sacramento de la Reconciliación.
A fin de año, entraron al continente. El 13 de diciembre, dieron con la bahía de Río de Janeiro, bautizándola Santa Lucía, asistiendo nuevamente a Misa junto a parte del poblado, al decir del explorador Antonio Pigafetta, "con mucho recogimiento". En el verano de 1520, la escuadra recorrió el Río de la Plata continuando aguas al sur.
El 31 de marzo, hallaron el puerto San Julián y Magallanes decidió invernar allí, apuntando Pigafetta, en su trabajo Relación del primer viaje alrededor del mundo, sobre las limitaciones del lugar:
"Este puerto es toda la tierra llana y baja, que no hay montaña ninguna…no es posible proveerse de agua, pues sus tierras altas se componen de una cadena de salinas".
La primera misa y una sublevación
A la mañana siguiente, el general convocó a capitanes, oficiales y pilotos a bajar a tierra para celebrar el Domingo de Ramos. El capellán Valderrama, revestido con su capa morada, se constituyó en el primer sacerdote en la renovación incruenta del Sacrificio en la Cruz, bajo estos cielos. Así lo narró el R.P. Julián Alameda en Argentina Católica:
"Sacaron a tierra de los navíos las velas y otros atavíos, y cortando ramas de los árboles, hicieron en la ribera del mar una devota capilla y en ella un altar, al modo de nuestra España, y al alzar a Dios, los buques advertidos por una señal hicieron una salva general".
El clima de paz reinante aquella mañana se trastocó en la noche ya que no todas las embarcaciones habían participado de la Misa y hubo una sublevación, como explicó Monseñor Nicolás Fasolino, Arzobispo de Santa Fe, en el tomo XII de la revista de la Junta Provincial de Estudios Históricos.
"El capitán Gaspar de Quesada pasó de la nao Concepción a la de San Antonio para prender a Álvaro de Mezquita. El P. Valderrama hallábase a la sazón confesando, cuando el maestre de la San Antonio fue apuñalado, y le dijo a Quesada, al verlo acompañado con Juan de Cartagena: con el santo, serás santo; con el perverso, te pervertirás; a lo que respondió: ¿quién aprueba eso? -El Profeta David reiteró el sacerdote y le fue contestado: "No conocemos agora, Padre, al profeta David".
La rebelión fue sofocada por orden de Magallanes y se erigió un tribunal que dispuso la pena de muerte a Luis de Mendoza y Gaspar de Quesada. Por otra parte, también decidió dejar abandonados a su suerte a Juan de Cartagena y Pedro Sánchez de Reina, una vez que la tripulación decidiese regresar a España.
Pese a ello, los oficios religiosos se repitieron todos los domingos, mientras la dotación pernoctó allí, según nota del capitán de la nao San Antonio, Álvaro de la Mezquita:
"Presentada al señor Capitán General estando en tierra, después de haber oído misa, domingo 15 del mes de abril del dicho año de 1520".
Invención de la Santa Cruz
Un mes después, el 3 de mayo, la nao Santiago avistó la desembocadura de un río con una legua de ancho y Magallanes la denominó Santa Cruz, coincidiendo con la festividad de aquel día y retornó a San Julián.
Luego de dos meses sin avistar a ninguna persona, un día se apareció un habitante enorme al que apodaron Patagón por sus grandes pies, quien recibió el óleo bautismal, como puntualizó el salesiano Alameda:
"...pasó algunos días con nosotros y le enseñamos a decir Jesús y a rezar el Padre Nuestro, oración que aprendió a recitar tan bien como nosotros y con una voz muy recia…Le bautizamos y le pusimos por nombre Juan (y Gigante por apellido)....El capitán general (quizá fue su padrino) le regaló una camisa, una chaqueta, unos calzones de paño, un gorro, un espejo, cascabeles y otras bagatelas, y él regresó a donde estaban los suyos, sumamente contento de nosotros".
El 24 de agosto, Magallanes regresó a Santa Cruz, donde pasó un mes y medio a la espera de una mejoría del clima.
Antes de dejar aquel sitio, Pigafetta relató que "mandó el general que nos confesáramos y comulgásemos como buenos cristianos" realizándose en la playa la renovación incruenta del Santo Sacrificio de la Misa oficiada solemne por Valderrama con 261 hombres recibiendo la hostia consagrada.
Antes de partir de allí, se plantó una Cruz en la cima de una montaña cercana, a la que se denominó Monte de Cristo.
Despedida
Una vez pasado el invierno, Magallanes continuó la expedición al sur.
El 21 de octubre, festividad de Santa Úrsula, llegaron a un cabo que denominaron Las Once Mil Vírgenes, recordando a las compañeras de martirio de la Santa, abriéndose ante ellos un estrecho que llamó de Todos los Santos –hoy Magallanes– y aquella tierra sureña dio por nombre Tierra del Fuego.
En la Nao Capitana, viajaba uno de los gigantes patagón, que enfermó de gravedad, como historió el padre Antonio Larrouy en la revista del Arzobispado de Buenos Aires.
"Antes de morir pidió la cruz que le habíamos enseñado a adorar, la besó y nos rogó que le bautizásemos; hicímoslo así, poniéndole por nombre Pablo. Es de creer que su compañero que en aquellos mismos días moría también en la San Antonio, murió también cristiano".
El 11 de noviembre de 1520, en Bahía Fortescue, Magallanes descubrió Chile y Pedro Valderrama ofició la primera Misa en Puerto Las Sardinas, uno de los cabos del Estrecho. Luego de cruzar el Pacífico, arribaron a las islas Filipinas, celebrándose Pascua de Resurrección y bautizaron un gran número de isleños, descritos por el mismo sacerdote:
"Hecho el altar comenzaron con mucha devoción la misa y el divino oficio; lo cual, como el Rey de aquella viese, vino allí con gran multitud de indios, y estuvieron con mucha atención mirando nuestros ritos y ceremonias".
Hernando de Magallanes murió el 27 de abril de 1521, luego del combate en la isla de Mactán, junto a 24 de sus compañeros por orden del rey de Cebú, entre ellos, Valderrama.
Unos sesenta sobrevivientes lograron salir del continente, al mando del vizcaíno Sebastián Elcano, pero apenas 18 regresaron a Sanlúcar, el 6 de septiembre de 1522.
Dos días después, anclaron en el muelle de Sevilla siendo recibidos por salvas de artillería y de inmediato visitaron las iglesias de Nuestra Señora de las Victorias y San María de Antigua, en acción de gracias, por su altísima protección en el viaje.
(*) Contenidos producidos para El Litoral desde la Junta Provincial de Estudios Históricos en el año de su 90° Aniversario (1935 – 2025).
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