“Siempre fui un loco del fútbol. Es una pasión con la que se nace, no se hace. Estoy controlado de los nervios, no la paso bien. El día que pierda eso del fuego sagrado, cierro y me dedico al campo o a otra cosa”, dice Bernardo Grobocopatel.
Es de Carlos Casares, tiene un estadio con capacidad para 8.000 personas y una ciudad cuyos habitantes entrarían todos en la cancha de Colón y sobraría lugar.
“Siempre fui un loco del fútbol. Es una pasión con la que se nace, no se hace. Estoy controlado de los nervios, no la paso bien. El día que pierda eso del fuego sagrado, cierro y me dedico al campo o a otra cosa”, dice Bernardo Grobocopatel.
Se trata del hombre que el 23 de agosto de 2011 fundó el club Agropecuario de Carlos Casares, una localidad del centro oeste de la provincia de Buenos Aires, ubicada a unos 530 kilómetros de Santa Fe, cerquita de 9 de Julio y de apenas 23.100 habitantes pero que, en 2011, sólo superaba los 18.000.
Carlos Casares es la cabecera del partido del mismo nombre y fue fundada en 1907.
Originariamente se llamó Pueblo Maya, en honor a Antonio Maya, dueño de las tierras en las que se asentaron los primeros pobladores de esta localidad de la que es oriundo Roberto Mouras, el tricampeón de TC que sufrió un fatal accidente en Lobos, en 1992.
Todos los habitantes que viven en Carlos Casares podrían entrar en la cancha de Colón y sobraría lugar. El estadio de Agropecuario, que ascendió a la Primera Nacional cuando apenas tenía 6 años de vida y luego de haber arrancado en el viejo torneo del Interior al año siguiente de su fundación.
Bernardo Grobocopatel es un productor agropecuario, primo de Gustavo, quien en su momento fue popularizado como “el rey de la soja”.
Confeso hincha de Racing, criticó duramente a Diego Milito cuando el año pasado declaró que el título de la Sudamericana “fue de casualidad” y dijo que en las últimas elecciones votaría a Massa, porque Milei “es un salto al vacío”.
“Esto no tiene nada que ver con el rey de la soja. ¡Nada! Esto fue de cuatro o cinco locos que me creyeron. Empezamos sirviendo gaseosas en el entretiempo, calculábamos cuánta gente había y le decíamos por teléfono a una chica: ‘serví tantas’, mientras yo andaba con todos los papeles de la AFA porque quería aprender”, narra y repite una frase de su padre, que “para poder mandar tenía que saber, y para poder saber, tenía que hacerlo”, señaló hace un tiempo en una entrevista con La Nación.
"Este es un logro increíble pero lo más importante es que el club siga creciendo y que yo sea cada vez más prescindible para que no pase lo mismo que ocurrió, por ejemplo, con Loma Negra", señaló el día que consiguió el ascenso a la Primera Nacional, en referencia al club que contrató en su momento, a principios de los 80, a destacadas figuras con el dinero de Amalia Lacroze de Fortabat, pero que luego desapareció de los primeros planos tras haber llegado a jugar en Primera.
“No sirve de nada llegar en cinco años a la B Nacional y que en diez nadie se acuerde de Agropecuario, que pase como en Loma Negra. La señora Fortabat tenía dos mil veces más dinero, pero también tenía dos mil veces menos pasión que yo”, señaló el día que consiguió el objetivo de poner a su club muy cerca de la Primera División, o al menos en la recta final para llegar a jugar en la A.
Agropecuario de Carlos Casares se convirtió en el club más joven en llegar a jugar el torneo de ascenso más importante del fútbol argentino, con solo seis años de vida. Lo consiguió con un hombre de mucha trayectoria en el ascenso, como el “Chaucha” José María Bianco y dejando en el camino, en la fase final de un interminable torneo Federal A, a clubes de mucho recorrido como Gimnasia y Tiro de Salta, Gimnasia y Esgrima de Mendoza, Mitre de Santiago del Estero y Unión de Sunchales, que fueron los que llegaron al octogonal final.
El estadio lleva el nombre de Ofelia Rosenzuaig en honor a la madre de Grobocopatel, fue construido e inaugurado en 2012, tiene una capacidad para 8.000 personas y el fundador tiene el sueño de llevarlo a 15.000, o sea a más de la mitad de la población de la ciudad.
De más está decir que será la primera vez que jugarán Colón y Agropecuario, como también que será la primera vez que un equipo de Colón se presente en Carlos Casares, en el Buenos Aires profundo. Pero hay nombres en común que ligan a los dos clubes.
Por ejemplo, el de un arquero que dejó un muy buen recuerdo en Colón como Germán Montoya o un volante que marcó uno de los goles más importantes, como Matías Fritzler, autor de aquél zapatazo en el Morumbí para derrotar a San Pablo o chicos que se iniciaron futbolísticamente en Colón, como Franco Quiroz, Claudio Bieler, Martín Comachi o el “Colo” Germán Lesman.
A ellos hay que sumar a Diego Lagos, el delantero marplatense que jugó una veintena de partidos hace unos nueve años en Colón y también el defensor Mauricio Romero y el volante Cristian Barinaga, que en Agropecuario fue uno de los artífices del ascenso a la Primera Nacional.
Entre los entrenadores, hay dos que sumaron a los dos clubes a su “foja de servicios”. Uno de ellos es el Negro Fernando Gamboa y el otro es Diego Osella, que dirigió en tres oportunidades a Colón sin contabilizar su paso como técnico alterno de Mario Sciacqua y de Roberto Sensini.
El lunes, a las 18, Colón sumará un rival más a su historial en el fútbol profesional, como tantos otros que por allí no se recuerdan y que alguna vez fueron rivales sabaleros, como el caso de Estación Quequén de Necochea, el club al que sólo enfrentó dos veces en toda su historia.
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