Próximos a recomenzar las clases hay que recordar que la escuela puede asumir un gran papel en la lucha contra el dengue, y no es que lo diga yo como cosa mía, ni es novedad. El papel de la escuela en las actividades contra el dengue tiene tanta relevancia como el importante papel que debe asumir la comunidad, y no lo digo yo. Ni lo dice político alguno, ni política de ningún color. Lo dice la universidad de Santa Fe, y de este mensaje se hace eco, y por tanto lo reproduce hasta el infinito, el grupo de revistas médicas más prestigiosas del mundo: The Lancet.
Una investigadora de la Universidad Nacional del Litoral, de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (Centro de Estudios de Variabilidad y Cambio Climático), de la ciudad de Santa Fe, en una de estas revistas, al más alto nivel publicaba en diciembre un comentario (*) en el cual manifiesta su preocupación porque el tema del dengue está cada vez peor, aunque quizás no lo parezca. Y propone que las escuelas, a punto de comenzar las clases estando aún en pleno verano, también participen activamente en la lucha contra el dengue.
La citada investigadora, junto con otras tres expertas de Córdoba, nos dicen que el mosquito del dengue ya no es sólo de verano, sino que se mantiene activo durante todo el año, incluso en lugares donde antes no estaba. El área geográfica del dengue es cada vez más extensa, y los casos clínicos se presentan cada vez con más gravedad. En este contexto, ni alumnos ni docentes pueden quedarse al margen, y hay que promover que tengan un papel más activo en la lucha contra el mosquito Aedes aegypti. Este mosquito también transmite el zika, una enfermedad terrible para un bebé y para su familia, así como también la fiebre por chikungunya.
Las mencionadas especialistas admiten que se hace mucho para frenar el avance del mosquito y por tanto de las enfermedades que transmite. Pero a la vista está que todo lo que se hace, aún bien hecho, no es suficiente. Indican que las autoridades deben tener más en cuenta a los especialistas, porque son quienes saben más. Y que deben asumir responsabilidad, tanto como la tiene que asumir la comunidad en general y los entornos educativos en particular.
La Organización Panamericana de la Salud insiste desde hace varios años con los programas de promoción de la salud a través de las escuelas, porque de esta manera se consigue mejorar la salud de los alumnos y del personal, así como la salud de las familias y del barrio. Ya se sabe que un enfoque global y comunitario de la salud resulta el más efectivo, y para esto la participación de la comunidad es tan importante como la educación sanitaria, en particular de los chicos, porque éstos pueden influir positivamente en sus padres y en el entorno doméstico.
La dicha Organización Panamericana de la Salud (OPS) está afiliada a la Organización Mundial de la Salud (OMS), aunque conserva su independencia. Tanto una como la otra son instituciones del máximo nivel científico y ha sido gracias a ellas que hoy se tiene un razonable control de algunas enfermedades como la sífilis, la tuberculosis, la parálisis infantil, el dengue, las meningitis, etc. Son además fervientes defensoras, y expertas en la salud pública y en particular de la salud materno-infantil, y Argentina, precisamente, necesita mejorar en salud pública y en salud materno-infantil.
Fue gracias a la OMS que ya no existe la viruela, que muchos en Santa Fe recordarán, así como también recordarán las masivas campañas de vacunación antivariólica. Esto se logró mediante programas de acción inmediata, efectivos y de largo alcance. Ahora, la perspectiva argentina de salir de la OMS dejaría al país en un aislamiento que hoy huele a naftalina. El mundo, y la ciencia, y la salud tienden a la unión, a lo global, al conjunto, porque la unión hace la fuerza. Sólo hay uno, un pequeño país, un minúsculo principado, Liechtenstein, que no está en la OMS.
No podemos sobrevivir solos, aislados, porque no somos mejores que todos los demás. Quien se crea mejor que los demás cae en el pozo del narcisismo, y Narciso se ahogó en su propia imagen. No seamos ingenuos: nos necesitamos los unos a los otros, y no somos más inteligentes. Por el contrario, necesitamos que nos ayuden, que nos ayuden los que más saben de cada tema, y éstos no son, nunca lo fueron, quienes ostentan el poder, ni acá ni allá.
(*) "Increased risks of mosquito-borne disease emergence in temperate regions of South America" The Lancet Regional Health, Americas. 2024; 40: 1009.
Información y desnutrición
En estos tiempos de noticias falsas, la buena información, seria y contrastada, se convierte en el elemento clave para evitar la trampa y el engaño. En este contexto, la información que proporcionan las grandes organizaciones de abasto mundial permite saber qué pasa, de verdad, y esto a su vez permite diseñar estrategias para solucionar los problemas que nos afectan. La información que no responde a intereses particulares es algo muy valioso, y esto incluye a la información sobre la situación sanitaria en general y sobre salud materno-infantil en particular.
Por ejemplo, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) nos informa este mes del aumento de los índices de desnutrición infantil. Este aumento se debe a las grandes dificultades a las que se deben enfrentar las familias que quedan atrapadas en las zonas en conflicto, o que se desplazan para intentar escapar del conflicto. Es el caso de Gaza. Esta información, siendo que es veraz y desinteresada, y que procede tanto de Unicef como de la OMS, permite saber de verdad qué está pasando allá, y a la vez permite desmentir a quienes intentan ocultar una realidad escandalosa. Salir de la OMS mantendría ocultos los registros argentinos y por tanto los otros países tendrían dificultades para saber qué pasa de verdad acá. Y esto responde a oscuros intereses.
La desnutrición infantil también está presente en la ciudad de Santa Fe. Esta información procede de la observación de las calles santafesinas. La observación, en cuanto buena información, nos acerca por lo tanto a la verdad, mientras que la desinformación, o la información que queda oculta a propósito, nos aleja de ella, de la realidad, y la realidad es la verdad. Y en un contexto de desinformación, noticias falsas o información oculta, las personas en general y los chicos en particular nos convertimos en individuos cada vez más vulnerables, sujetos en consecuencia al interés oscuro del poderoso.
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