Como en el tango Mano a Mano, el magnate neoyorquino en su segunda presidencia juega con México y Canadá -sobre todo con el primero- como "juega el gato maula con el mísero ratón".
Mientras el presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, hace verónicas ante sus vecinos inmediatos -México y Canadá- y clava algunas banderillas a toros más peligrosos como China y la Unión Europea, decididamente acerca relaciones con su homólogo ruso, Vladímir Putin, en lo que remite a la década del 70 cuando Henry Kissinger estableció la "diplomacia del ping pong".
Como en el tango Mano a Mano, el magnate neoyorquino en su segunda presidencia juega con México y Canadá -sobre todo con el primero- como "juega el gato maula con el mísero ratón".
En un juego de peligrosos avances y retrocesos, Donald Trump ha logrado encuadrar al gobierno de Claudia Sheinbaum quien se ha esforzado en agradar a su vecino del norte aceptando migrantes, deteniendo a mafiosos vinculados a la droga; desplegando el ejército mexicano a lo largo de la frontera y hasta entregando en bandeja las cabezas de 29 narcos que eran perseguidos por la justicia de los Estados Unidos desde hace años.
Con China no hay motosierra sino bisturí y se avanza despacio porque allí la guerra comercial puede ser devastadora puertas adentro de cada país como a escala mundial.
Y lo mismo ocurre con la Unión Europea donde aparecen algunos aranceles pero, muestra los dientes con el eventual retiro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la opción de "armarse para la paz" que fue creada luego de la Segunda Guerra Mundial y en los inicios de la Guerra Fría.
Por entonces era Rusia el gran enemigo y China -más pobre y desvencijada- fue condenada con la ruptura de relaciones. Era el año 1949 y se decidía el silencio entre los grandes.
Resulta interesante recordar lo que se vivía en el mundo desde la década del 50 hasta la caída del Muro de Berlín. El mundo polarizado dividido entre dos grandes potencias y, también, en ideologías contrapuestas.
Hasta se estuvo al borde de una Tercera Guerra tras la crisis de los misiles en días tensos días de octubre de 1962 que tuvo como protagonistas a John Kennedy y Nikita Kruschev mientras que el títere Fidel Castro alineaba definitivamente a la isla con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
Luego, la Guerra Fría fue una guerra de nervios, de espías, de tratar de aventajar al otro, como el caso de la carrera al espacio que anotó primero la URSS con Laika y con Yuri Gagarin pero que terminó con la llegada del hombre a la Luna.
Ganador Estados Unidos. Tras el paso de Neil Armstrongg comenzaba la década de los 70 y el presidente Nixon suma a su equipo a un hombre especial, Henry Kissinger, que habría de tener un protagonismo enorme en la escena mundial.
Una carambola increíble. Era el año 1971, en la ciudad de Nagoya, Japón, se jugaba un torneo internacional de tenis de mesa.
Allí convivían, entre otros las delegaciones de China y los Estados Unidos que habían roto relaciones en 1949. Por ello, los responsables de la delegación asiática consultaron a las más altas autoridades cómo actuar frente a los norteamericanos.
Se afirma que el propio Mao Zedon (el mismísimo Mao Tsé Tung) autorizó a estrecharles la mano. Una señal de buena educación. Los norteamericanos que consideran que el mundo termina el borde de su país, no tenían ni preocupación ni interés alguno sobre sus oponentes chinos.
Un día ocurrió algo increíble. Uno de los jugadores yanquis más talentoso, Glenn Cowan perdió el colectivo que debía transportarlo de la concentración hacia el estadio donde era la competencia. Hay dos versiones, una que se quedó dormido y otra -que lo hace quedar mejor- es que se le pasó el tiempo en un entrenamiento.
Conclusión, el colectivo de los norteamericanos se había ido y desde otro bus, un asiático le hacía señas para que subiera. Eso hizo. No imaginaba que el colectivo era el de la delegación china. Quien tuvo rápidos reflejos -claro, es ping pong- fue el capitán chino Zhuang Zedong quien se acercó a Cowan e intercambiaron un breve diálogo gracias a un intérprete de la delegación.
Zhuang, gentil, le regaló antes de llegar un retrato de las montañas Huangshan como suvenir. El norteamericano revisó qué tenía y solo era un peine así que le dijo: "Desearía darte algo, pero no puedo". Era una miseria.
Al bajar del micro, una gran cantidad de periodistas y fotógrafos inmortalizaron el momento, el apretón de manos de un chino y un norteamericano luego de veintidós años de ruptura. Para Kissinger, que fogoneaba un acercamiento con China, la noticia fue un impacto.
Rápidamente hubo cruces de mensajes entre autoridades deportivas de ambos países y una delegación norteamericana visitó ese mismo año el gigante asiático y lo mismo ocurrió con la delegación china que se maravilló con las luces de norteamérica.
La diplomacia del Ping Pong abrió muchas puertas, tantas que al año siguiente, el presidente Richard Nixon visitó China y mantuvo un extenso diálogo con Mao Zedong quien pocos meses después devolvería la visita.
Faltaban unos años para que Mao falleciera y apareciera en el horizonte Deng Xiaoping, el hombre que dará un golpe de timón y rescatará la economía china.
¿Qué buscaba Kissinger con el acercamiento a China? Ocurre que con Rusia las relaciones eran pésimas y habían tenido serios y frecuentes enfrentamientos en la frontera común y las relaciones eran tensas.
El acercamiento entre Estados Unidos y la República Popular China hizo que una señal de alarma se encendiese en la URSS ya que se abría otro frente. Una jugada inteligente de Henry.
Han pasado los años y Kissinger ya no está. Sí su legado. Habrá que ver si alguien dentro del equipo del esposo de Melania tiene en sus manos el poder de convencer a Donald sobre la política exterior norteamericana y jugar al ping pong con Rusia para hacerle daño a China.
Es que Putin está molesto con la actitud de su vecino en la guerra que desencadenó con Ucrania. China no le proveyó de mucho armamento que se diga, no lo favoreció con precios y la supuesta neutralidad lo complicó en varios frentes.
El acercamiento con los Estados Unidos se convierte en la jugada inversa de la que disputó en los 70. Es ahora la sociedad ruso-norteamericana la que establece algunos nubarrones sobre la economía china en momentos en el que desde Pekín apuntan a hacerse de Taiwán.
Claro que hay quienes sostienen que este acercamiento entre Trump y Putin tiene más que ver con cuestiones más mundanas que estrategias diplomáticas.
Se hablan de videos comprometedores y de un cierto chantaje. Todo es posible. Hasta que sea un mix entre las presiones por un pasado personal impropio o las visiones estratégicas de un secretario de Estado que hizo historia.
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